HISTORIAS DESTACADAS DE SAN LUIS

Una reflexión sobre los procesos históricos, sociales, políticos, económicos y culturales que fueron conformando la Provincia de San Luis, con el objetivo de profundizar en el conocimiento de nuestra gente y nuestra tierra

El “Combate” de la Sepultura.  1551

Referencia geográfica:

Villa Larca (topónimo: del quechua, Larca: manantial, vertiente, acequia) 130 km. Al noreste de la ciudad de San Luis. Sepultura: lugar designado de esa manera por la cantidad de cadáveres que quedaron luego del ataque de los españoles.

Referencia Histórica:

A través de Cruz del Eje, viniendo desde El Barco (Santiago del Estero), y pasando por el valle de Salsacate entre las sierras de Comechingones, la expedición al mando del Capitán Francisco de Villagrán ingresó desde el Norte por el Valle del Conlara, sembrando el estupor primero (caballos y jinetes con armaduras, sables, espadas, lanzas de metal y arcabuces, elementos estos que jamás habían sido vistos por los naturales) y, posteriormente el terror en estos aborígenes comechingones, primitivos habitantes de la falda del  cordón montañoso que lleva su nombre, en una avanzada de carga de caballería con lanzas y sables a discreción por parte de los invasores.

La horrenda paradoja, como casi siempre, se da en la hermenéutica, es decir  en la interpretación del hecho histórico. Basta solo el análisis conceptual de un término: Combate, lo que supone un enfrentamiento bélico entre dos fuerzas de similar envergadura armamentística y tácticas guerreras y Masacre;  es decir,  el literal aplastamiento, destrucción, violaciones y asesinatos en masa de una población prácticamente indefensa, como eran estos pacíficos aborígenes.

Pues bien, nuestros historiadores “oficialistas”, la mayoría, designa a este hecho como “combate”, y sólo uno o dos como “masacre”, lo que les ha costado el mote de “malditos”, para la posteridad y a perpetuidad.

Este acontecimiento, que suponemos es el primer contacto “bélico a gran escala” entre el conquistador y el nativo, es la primera experiencia nefasta que vivieron los habitantes de San Luis en aquellos años y, que, recién en estos tiempos, algunos nos atrevemos a develar buscando el  verdadero sentido de las “interpretaciones científicas” de los historiadores hispanistas, intentando poner las cosas en su verdadera dimensión.

Los comechingones fueron la única comunidad de las culturas originarias de nuestra provincia de la que casi no hay indicios de descendientes directos. Tal fue entonces la eliminación de aquellos primigenios habitantes, de los que rescatamos testimonios posteriores de los partes de “guerra” de Villagrán y sus notarios.

El conquistador español en todos los casos recogía en sus crónicas mitos, leyendas y sucesos reales,  que luego mezclaba en los informes, inventando siempre las justificaciones para bestializar a los aborígenes, lo que le daba el camino expedito para la conquista y sujeción.

Así, en aquellas crónicas, los comechingones aparecen como los únicos indios barbados descubiertos por expedición alguna, de elevada estatura, pacíficos y mimetizados con la naturaleza. Pero, “narcotizados con el cebil, viviendo en cuevas, y absolutamente degradados por la sodomía y la vagancia”.

Existe un ejemplo didáctico  sobre una idea del Dr. Alberto Rodríguez Saá, aportada a la Cátedra de Estudios Regionales de la Provincia de San Luis, que representa el hecho desde dos ópticas periodísticas: “El Pregón Real” y el “Inti Huasi” son dos periódicos en los que se relatan los sucesos de la Sepultura.

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

Los Puntanos de Tucumán  1812

En noviembre de 1811, partían desde San Luis de la Punta 400 puntanos al mando del Capitán Buenaventura Martínez a incorporarse al Ejército del Norte. Meses después, muchos de ellos combatieron en la gloriosa batalla de Tucumán, el 24 de setiembre de 1812, hace ya 200 años.

Vicente Fidel López llama a Tucumán “la más criolla de cuantas batallas se han dado en territorio argentino”. Faltó prudencia, previsión, disciplina, orden y no se supieron aprovechar las ventajas; pero en cambio hubo coraje, arrogancia, viveza, generosidad… y se ganó. El dato increíble: fuerzas patriotas: 1600; fuerzas realistas: 3000.

El secretario del Primer Triunvirato, Bernardino Rivadavia, ante el avance de Pío Tristán desde el Norte, ordena a Belgrano replegarse hacia Córdoba. Esto significaba, nada más ni nada menos, que dejar abandonado y servido en bandeja Salta, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero a los realistas! Así, poblaciones enteras quedarían a merced del General español, con todo el Norte argentino ocupado por el enemigo.

Poco esfuerzo hizo aquel General Doctor para entender que, una vez más, el gobierno despreciaba territorio y gente, más allá de sus fronteras. Así, ante la insistencia increpadora de aquel cosmopolita que nunca pisó el barro, Manuel Belgrano le escribía en lo que la Historia recordará como “la desobediencia genial”: “Algo es preciso aventurar y ésta es la ocasión de hacerlo; voy a presentar batalla fuera del pueblo y en caso desagraciado me encerraré en la plaza hasta concluir con honor …..”.

Así, aquel 24 de setiembre Belgrano salvó a la Patria en la batalla de Tucumán, donde la caballería de gauchos norteños y puntanos se destacó con arrojo temerario.  Unos días después, el 8 de octubre de 1812,  el Cnel. José de San Martín, harto de las vacilaciones y desaciertos del Primer Triunvirato, con la aprobación total del pueblo, terminó con aquel gobierno. Como acción inmediata, se convocó a una Asamblea Constituyente, para darle a la Patria su Independencia y una Constitución.

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

Los Granaderos 1812- 1813

Calidad:

 Jinete en la sierra y en la pampa,  baqueano, rastreador (de bichos y hombres), trenzador, experto en lazo y cuchillo, cuereador y carneador, reservado, sobrio, de pocas y contundentes palabras, puntano renqueño y de otros pueblos y parajes, ¡nunca aflojando!  Y menos si el que manda es Don José de San Martín.

Cantidad:

Setiembre y un parte de San Martín: “ .. El capitán don Tomás Baras ha entregado al Regimiento de Granaderos a mi cargo, ciento once (111) reclutas pertenecientes a la Punta de San Luis”.

Noviembre y el capitán José Narciso Domínguez entrega al Libertador otros noventa y tres (93) voluntarios puntanos, alcanzando así la contribución de San Luis a doscientos cuatro (204) hombres, sobre un total de cuatrocientos setenta y seis (476) individuos que componían el pie de fuerza del Regimiento de Granaderos en diciembre de 1812.

Calidad y cantidad:

Combate de San Lorenzo: 3 de febrero de 1813, según el parte son catorce (14)  los muertos nuestros, y de los 14 bravos granaderos, tres (3) son los puntanos: Luna, Bustos y Franco. A Sosa lo contamos también, por quedarse sin su brazo izquierdo. Y a Baigorria, aquel que no es nombrado en la Marcha de San Lorenzo, ¡ese que a punta de lanza y coraje defendió a su jefe caído y a su compañero Cabral!

De los 14, los mártires puntanos, con amputado y herido incluidos, son 5. Ergo, San Luis acá también fue mayoría, en arrojo, coraje gaucho y lealtad extraordinaria a la patria naciente.

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

El Granadero, ¡que no está en la Marcha! 1813

Ya todo el mundo sabe, porque se ha escrito y se ha enseñado en las escuelas, y lo hemos  cantado en la “Marcha de San Lorenzo” miles de veces en los actos escolares, que el granadero correntino Juan Bautista Cabral  “…soldado heroico, cubriéndose de gloria, cual precio a la victoria, su vida rinde, haciéndose inmortal…”  tal como lo dice el estribillo de la letra escrita por Carlos J. Benielli.

Lo cierto es que, cuando el caballo de San Martín cae mortalmente herido, aprisiona la pierna derecha del gran Capitán, dejándolo indefenso frente al ataque del soldado español. Es ahí cuando aparece el granadero Cabral y se interpone entre la bayoneta del godo y su jefe. Eso es lo que le provoca la muerte.

Pero, como es lógico, una vez caído Cabral, el español intenta nuevamente matar a nuestro prócer caído.  Ahí es cuando arremete, como un centauro, abriéndose paso entre la polvareda, las bestias y los hombres, el  héroe de la jornada, el granadero puntano Juan Bautista Baigorria, y atraviesa (sin siquiera apearse de su caballo) con su lanza al soldado castellano, para posteriormente poner a resguardo a su jefe junto a otros soldados.

Hacia el final de la jornada, San Martín redacta el parte de batalla en el que anota entre los muertos a los puntanos Luna, Bustos y Franco y, posteriormente, hace un sentido reconocimiento al granadero puntano, a aquel gaucho heroico que, en aquellos  días, ni se imaginaba que había salvado la vida de quien sería, años después, el  más importante hombre de la Patria.

Baigorria, por esos designios de la vida, se llamaba Juan Bautista, como su hermano argentino,  el correntino de suerte infausta, Juan Bautista Cabral.

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

Martirologio 1805-1824

 Los puntanos caídos por la causa de la Patria, los que murieron lejos de su tierra, de los que a sangre y fuego fueron arrebatándole al conquistador lo que era nuestro, lo que sería nuestro.

En enero de 1805, a las ordenes del oficial español radicado en San Luis, José Ximénez Inguanzo, partieron desde la Punta doscientos (200) voluntarios para integrarse muchos de ellos al Regimiento de Patricios que comandaba Cornelio Saavedra. El objetivo: repeler al invasor británico que desembarcaba en las costas porteñas.

El 12 de junio de 1810, por orden del Cabildo Revolucionario de San Luis (aquel que fuera el primero en todo el Virreinato en acatar las resoluciones de la Primera Junta), se preparan ciento cincuenta (150) combatientes para marchar a Córdoba y ponerse bajo las ordenes primero de Ortíz de Ocampo y luego de Juan José Castelli, para sofocar a los sublevados Gutiérrez de la Concha, Liniers y otros opositores al primer gobierno patrio, quienes pretendían que las provincias cuyanas siguieran bajo la sujeción colonial.

El 23 de setiembre de 1812, por pedido expreso de José de San Martín, partían los primeros ciento doce (112) puntanos a incorporarse al recientemente creado Regimiento de Granaderos a Caballo, conducidos por el Capitán de milicias Don Tomás Baras.

Luego se incorporarían más, y más… hasta su bautismo de fuego (ya vendrían otros en tierras lejanas), en el Combate de San Lorenzo, en el que también hubo mártires puntanos.

Pero volvamos a seguir contando. Desde julio de 1810 se van sumando los puntanos a la causa de la Libertad. Castelli entregará a Balcarce y Guemes cincuenta (50) hombres del San Luis de la Punta para combatir  en Suipacha, primera victoria de la Revolución en aquel glorioso 7 de noviembre de 1810.  Luego, Blas de Videla conduce doscientos veinticinco (225) hombres a Buenos Aires en diciembre de 1810. En noviembre de 1811, parten cuatrocientos (400) más a engrosar las filas del Ejército del Norte conducidos por el Capitán Buenaventura Martínez.

Los puntanos también morderán el polvo de la derrota en Huaqui aquel 20 de junio de 1811,  hincharán sus corazones en las glorias de  Tucumán (setiembre de 1812), y Salta (20 de febrero de 1813), para nuevamente ser derrotados en Vilcapugio aquel nefasto 1° de octubre de 1813 y ser parte de aquellos 500 muertos que quedaron en los campos de Ayohuma el 14 de noviembre del mismo año.

Así, unos meses después, Belgrano entrega el mando del Ejército del Norte al entonces Coronel José de San Martín. No obstante,  éste tenía otros planes: dejar a Rondeau en el Norte y comenzar con la ejecución de su Plan Continental. Pero, para la ejecución de ese plan, el Gran Capitán necesitaba a los puntanos y así fue que el heroico pueblo de San Luis acudió al llamado de la Patria naciente.

Entre 1814 y 1819, los hombres activos de entre 16 y 50 años de edad integraron el Ejército de Los Andes acudiendo desde todos los rincones de la provincia para dar la libertad a Chile. En los campos de Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú (contando también las escaramuzas), participaron dos mil ciento ochenta y cinco (2.185) heroicos hijos de esta tierra. Y, como el Libertador conocía muy bien ese heroicismo y pensando en el Perú, mandó en 1819 a sus oficiales a buscar quinientos (500) puntanos más para su embarque en el puerto de Valparaíso,  hacia las costas peruanas.

Los que,  mientras  llegaban -y después de llegados- pelearon fieramente, los que murieron y los pocos que volvieron, merecen la reivindicación que hoy les hacemos, y esta pretensión de hacerlos memoria presente en los corazones de los puntanos que  tanto les debemos.

Difícil es sumar exactamente, pues hay registros de levas desaparecidos,  partes extraviados, listados y actas extinguidos con sus portadores,  hombres desaparecidos y muertos por toda la geografía Sudamericana desde Chacabuco  a  Ayacucho. Solo decir que, de una población total  de 16.000 habitantes del San Luis de aquella época, los puntanos que nuestros historiadores calculan en el martirologio, fueron más de cinco mil (5.000).

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

San Luis y el 9 de julio 1816

En marzo de 1814, Agustín Donado comunica al Cabildo Puntano la designación del “Capitán del Regimiento de América”, Don Vicente Dupuy, como Teniente Gobernador de San Luis.  Inmediatamente, Don Juan Martín de Pueyrredón (afincado en San Luis), ofrece sus servicios y su amistad al nuevo mandatario a quién ya conocía por su “hermandad” dentro de la “Sociedad Patriótica” creada por Bernardo de Monteagudo.  Comenzaba a gestarse así  el Plan Continental, que terminará de plasmarse cuando su autor, el flamante Gobernador Intendente de Cuyo, a su paso hacia Mendoza los primeros días de diciembre de 1815, explique la idea en aquella casi legendaria entrevista de la “Aguadita”. Se trata de Don José de San Martín. A partir de ese momento, tanto Dupuy como Pueyrredón, jamás dejarán de asistir al Padre de la Patria en su magna empresa. De esta manera, Pueyrredón vuelve, meteóricamente a la vida pública liberado de sus prohibiciones por gestión de San Martín, quién lo “propone” como Diputado por San Luis ante el Congreso de Tucumán primero y, luego, como Director Supremo de las Provincias Unidas, sabedor de que aquel hombre juramentado, nunca iba a traicionar su magno plan. Había sido confinado en San Luis. A su llegada a la ciudad revolucionaria (1 de enero de 1813), la primera  del actual territorio argentino en acatar en un todo la conformación y las resoluciones de la  Junta Provisional de Mayo, la encontró envuelta en el entusiasmo de su pueblo por la causa libertaria. Así lo vio e intuyó, como ya lo venían haciendo y lo harían los grandes próceres que se vincularon con aquella aldea inquieta. Ejemplos son Hipólito Vieytes,  Bernardo de Monteagudo, Nicolás Rodríguez Peña, José de San Martín, Vicente Dupuy y, por esos primeros días de 1813, el patriota Agustín José Donado, Diputado por San Luis ante la Asamblea General Constituyente del XIII, Vicepresidente de la misma y creador del sello, antecedente del Escudo Nacional.

Como ya dijimos, Don Juan Martín es elegido Director Supremo de las Provincias Unidas el 3 de mayo de 1816, debiendo renunciar a su cargo de diputado. Y por ello, el Cabildo de San Luis debía con suma premura elegir al nuevo representante al Congreso independentista que ya se encontraba sesionando en San Miguel del Tucumán. Pero nuestra provincia se encontraba abocada desde hace tiempo a la formación del Ejército de los Andes, entregando  con extraordinaria generosidad a la causa sanmartiniana,  bienes materiales de todo tipo y hombres activos para la guerra. Tan fue así que, que San Luis no disponía de renta para costear el viaje y la dieta de un nuevo diputado.  El flamante Director Supremo Pueyrredón al ser comunicado de la situación,  promete que el viaje y la dieta serán costeados con recursos del tesoro nacional, como forma de acelerar la designación y urgente traslado del representante puntano a Tucumán.  Sin embargo, viendo que los tiempos se acortaban y con la intención de no entorpecer la marcha de aquel magno evento, nuestros funcionarios  decidieron que quien nos representara y finalmente rubricara el Acta en nuestro nombre fuese el Diputado por Mendoza (Capital de la Provincia de Cuyo), Don Tomás Godoy Cruz.

Un detalle: los congresistas escribieron en el Acta de la Independencia que “solo seríamos libres de España “. Enterado José de San Martín de semejante “error”,  exigió una enmienda donde se agregara a dicha frase “.. y de toda otra dominación extranjera”.  Diez días después, hubo que firmar nuevamente el Acta, con la enmienda salvadora.

Sinforiano 1821

Un nombre clave, una protección necesaria. Las ideas son perseguidas todavía, y más cuando se trata de un poder secular, de una iglesia católica íntimamente vinculada al absolutismo monárquico, que en Europa había revivido por esos tiempos. Tiempos aquellos en los que aún existían los nostálgicos de las épocas en las que en el nombre de Dios se perseguía, se torturaba, se quemaba y se mataba a filósofos, científicos, artistas, herejes, blasfemos, putas, brujas, epilépticas, putos, apostatas, iconoclastas, arrianos, cátaros, masones, templarios, rosacruces, gnósticos, paganos, dulcineos, judíos, moros, marranos,  protestantes, anglicanos, astrónomos, monjes, negros, poetas,  revolucionarios, indios.

Buenos Aires no escapaba a aquella ola de suspicacias, prejuicios y persecuciones desde los púlpitos a las nuevas ideas, a las ideas libertarias de los filósofos franceses que habían profetizado la gran revolución de 1789. Y, aunque esa revolución se había devorado a sus hijos, las ideas de aquellos filósofos iluministas estaban lejos de perecer. Para eso estaban estos jóvenes inquietos, progresistas desafiadores de lo impuesto por el orden colonial, para investigar,  discutir y crear, para reunirse clandestinamente en algún tipo de organización que de acuerdo a sus prácticas, muchos llamaban logias.

Las logias de ese momento no priorizaban lo religioso ni lo esotérico. Las sociedades secretas se habían creado en América de la mano de Francisco de Miranda y sus “Caballeros Racionales” con un objetivo supremo: la independencia y la libertad americana, la construcción geopolítica de un subcontinente autónomo, libre del yugo colonial.

Pero los monárquicos, de la mano de la iglesia secular (mucho más que la regular), se encargaban de la caza de “herejes”. Y, en este caso esos “herejes” eran quienes osaban desafiar la teología escolástica, la política absolutista y la economía de transferencia de las colonias a la metrópoli.

Sinforiano será entonces el fundador y primer miembro de la Sociedad Valeper. Ese será su nombre clave, como los del resto de sus once miembros iniciales, quienes se reunían tres veces por semana cambiando los días, en domicilios desconocidos, alternados y en completo secreto.

Hay reglamento y actas de la Valeper, que hoy nos muestran, después de casi 200 años, la acción visionaria y profética de quien será sin dudas el primer filósofo argentino, del docente revolucionario, del poeta romántico del que Víctor Hugo se hubiera sentido orgulloso, del político liberal revolucionario y americanista.

Sinforiano, quien en los últimos días de 1821 debe renunciar a su cátedra de filosofía en el Colegio Unión del Sud, perseguido y calumniado por los intolerantes de siempre, marcha hacia Mendoza dejando a sus compañeros quienes, (en la sesión nº 12 del 3 de diciembre), lo declaran “Primer Miembro Vitalicio” de la logia. Esto quiere decir, nada más ni nada menos, que Sinforiano estaría (a pesar de su ausencia física) vinculado y tomando decisiones desde el lugar donde se encontrara. Así, por instancias suyas, los miembros de la sociedad discutían apasionadamente sobre temas que, en esos tiempos, sonaban descabellados y díscolos. Ergo, solamente en forma clandestina y con un cuidado extremo de no ser descubiertos por los Torquemadas de la época, los “hermanos” discutían y aprobaban las resoluciones con los votos de las tres cuartas partes de los asistentes a las reuniones, y todos y cada uno de ellos debían acatar incondicionalmente lo resuelto.

Las sesiones eran apasionantes y bizantinas, pero siempre con resoluciones. La temática es por demás elocuente y algunos ejemplos son:

  • ¿Es conforme a las instituciones que ha adoptado este país la existencia de un ejército permanente?
  • ¿Cuál es la mejor prueba de la civilización de un país?
  • ¿Cuál debe ser la base de la educación en nuestro país?
  • ¿Cuál es la mejor forma de gobierno?
  • ¿Es o no practicable en nuestro país, el juicio por jurados?
  • ¿Cuál es la causa última de que no haya progresado más la ilustración en nuestro país?
  • ¿Que reformas exigen los monasterios en nuestro territorio?
  • ¿El teatro, sirve para corromper o mejorar las costumbres?
  • ¿El hombre tiene o no derecho a disponer de su vida en casos extremos?
  • ¿La ilustración, corrompe o no las costumbres?
  • ¿Deben acceder a la ilustración las mujeres?
  • ¿Conviene a Buenos Aires el emprender, ayudado de las demás provincias, una expedición libertadora de las del Perú?

En el seno de la sociedad secreta que he creado, por razones obvias, mi nombre es Sinforiano. Pero para UD, es decir para la posteridad, soy Juan Crisóstomo Lafinur, el hijo de La Carolina.

14-juan-crisostomo-lafinur-1820

Retrato (original y curioso) de Jean Phillipe Goulou, pintor francés quien a su paso por Buenos Aires, luego de una velada de teatro, retrató a Juan Crisóstomo, en 1819. Hablamos de “curioso” ya que sólo existen tres imágenes de Lafinur, la de un camafeo, la de Reinaldo Giúdice y la de Goulou, con pocas coincidencias en su fisonomía.

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

Crónica de una Muerte Anunciada 1831

Ya en 1831 su salud le dice basta, y nuevamente lo encontramos retirado en San Luis en su lecho de enfermo. Pero nuevos vientos soplan con la campaña de Facundo.  Lo cierto es que existe una carta del Gral. Paz fechada el 17 de enero de aquel fatídico año,  que le dice: “No debo disimular que mi deseo es que me acompañe…Este pensamiento escolla en su falta de salud, pero aún en ese caso deseo que Ud se venga aquí… aunque sea desde su cama”. Aquella misiva, que debemos considerar indulgente y generosamente una especie de “presión afectuosa”, lo pone nuevamente en movimiento, esta vez en una acción que presagia la crónica de una muerte anunciada. Así, al mando de solamente 80 hombres pretende frenar al ejército de Facundo que, luego de sitiar y tomar Río IV, avanza frenético hacia Cuyo. Obviamente son rechazados por la avanzada de aquel que fuera su compañero en la gloriosa jornada del 8 de febrero de 1819 y, en total dispersión de sus milicianos, aquel centauro de las cien batallas queda solo, inexplicablemente solo. En retirada, afiebrado por la sed y con su caballo extenuado, es alcanzado por una partida que le exige rendición. Impregnado de nobleza e hidalguía, Pringles le responde al gaucho Murúa: “Mi sable solo lo entrego a tu Jefe el Gral. Quiroga, a quien esperaré con ese objeto”. Inmediatamente, ¡recibe un disparo a quemarropa en el pecho!. Cuentan los soldados que lo conducían moribundo hacia Quiroga, quien venía en retaguardia a unos pocos kilómetros, que sus últimas palabras fueron una pregunta: “¿Acaso en estos campos no habrá un poco de agua?”. También testimonian aquellos hombres que Quiroga lo recibe aún vivo, lo cubre con su poncho y le da agua. Minutos después, el bravo guerrero muere en los brazos de su adversario. Luego, Facundo estallando en cólera le dice al matador de Pringles: “por no manchar con más sangre el cuerpo de un valiente, no te hago pegar cuatro tiros sobre su cadáver. ¡Cuidado con otra vez que un rendido invoque mí nombre!

Facundo avanza sobre San Luis dispuesto a entrevistarse con Don Gabriel Pringles, pero éste y su familia ha huido a Mendoza por miedo a represalias. Luego de su triunfo en la batalla de “Rodeo de Chacón”, el Gral. Quiroga entra con honores a Mendoza. Cuenta José Eusebio Gutiérrez, esposo de la hermana menor de Pringles, Úrsula y contemporáneo a los hechos, que una de las primeras acciones de Facundo será encontrarse con Don Gabriel Pringles para “entregarle personalmente todas las pertenencias, condecoraciones y equipaje traídas de San Luis pertenecientes a su hijo”. En esa oportunidad relata Gutiérrez que el riojano le dijo: “aunque sus amigos encadenaron a mi vieja madre en la plaza de La Rioja, yo no haré eso con la familia del ilustre Coronel Pringles a quien he respetado y cuya muerte he sentido mucho…. le he ordenado a Ruíz Huidobro señalar muy bien el caldén donde mandé sepultarlo”. Recién en 1860, el Dr. Esteban Adaro exhuma el cadáver de Pringles para trasladarlo desde “El Chañaral de las Ánimas” al Cementerio San José de nuestra ciudad. Hoy, los restos del guerrero insigne, descansan en la Catedral de San Luis.

El Boleto de Conchabo 1890

El “Régimen” se ha apoderado del país. Y de San Luis. El mendocismo y sus coletazos se hacen sentir. El “unicato” de Juárez Celman es el “ejemplo” a seguir.

El 7 de febrero se muere Don Zoilo Concha Villegas, ejerciendo su segunda gobernación y debatiéndose entre sucumbir o no, bajo el poderoso influjo de los Mendoza. Luego de un corto mandato, el Presidente de la Legislatura,  Ruperto Aguilera, entrega el mando a Don Mauricio Orellano  “…hombre de pocas luces y sin experiencia en la vida pública, obró por ajenas sugestiones.” Dice Juan W. Gez.

No obstante, esas pocas luces le sirvieron al gobernador Orellano  para iniciar la construcción de una línea de tranvía que recorría algunas calles del centro, con paradas en el boulevard España y las calles Sucre y Pringles.

Cuando el gobernador Orellano  ya no dispuso de luces, en un acto delirante, discriminatorio y repudiable, implementó el tristemente célebre “boleto de conchabo”, una especie de libreta de calificaciones destinada exclusivamente a las mujeres de San Luis que trabajaban fuera de su hogar. En ella se anotaban los datos de filiación, la ocupación, horarios y lugar de trabajo.  Si a alguna de estas féminas se la encontraba “vagando o en bailes”, aún fuera de su horario de trabajo, era inmediatamente conducida (sobre todo si era joven) al internado del Buen Pastor, lugar “acogedor” en cuyos claustros las monjas daban cursos de sirvienta a las díscolas vagabundas y/o bailanteras, para luego con el “título” bajo el brazo enviarlas a servir a casas de “familias ricas y decentes” de San Luis o Buenos Aires.

Don Orellano inició semejante actividad. Sin embargo, vale aclarar que el flujo de nuestras muchachas humildes, “las chinitas”,  a servir a la aristocracia porteña, continuó hasta principios de la década del cuarenta.

Cementerio 1892

La Familia de los mineros ingleses Mellor tiene su cementerio propio, en el medio de la nada, en el paisaje abrumador de la Cañada Honda, a pocas leguas de las otras esquilmadas minas, las de La Carolina, donde los cóndores se distienden sabedores que no hay casi  peligro de acecho humano.

La tumba principal, en la que yace sepultada  Marian Mellor, posee una lápida de mármol, pero no de ónix, sino del exótico y blanco mármol de carrara, que viajó miles y miles de kilómetros en barco  desde Londres, a donde a su vez había llegado desde Italia, para luego ser embarcado hacia el puerto de Buenos Aires. Una vez llegada la preciosa carga, será trasladada en carretas hasta este confín del mundo.

Randolph, su incondicional e inconsolable compañero,  hizo traer esta lápida ya tallada desde su Inglaterra natal,  en 1892. En la misma puede apreciarse la dedicatoria de su esposo  e hijos a:

The Beloved Wife of Randolph Mellor who died in 31 March 1892.

Aged 32 years.

Esto es un testimonio más de la “fiebre del oro” que aún perduraba en el San Luis de fines de siglo XIX,  y que atraía a los “buscadores” de la América del Norte y de diversos países de Europa.

Los lugareños, habitantes de aquellos paisajes donde el cielo se toca con la tierra, hacedores de la  tradición oral de generación en generación, han contado siempre y de forma inequívoca que la bella, pálida y dulce Marian, intentando dar forma a una huerta en el pedregoso terreno, fue mordida por una serpiente, de esas que hacen “ruido con la cola”, y que se mimetizan con el color del paisaje.

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

El Alemán 1900

Aunque no era raro que algunos gringos anduviesen probando suerte en las minas de La Carolina allá por 1870, lo que sí sorprendió a los lugareños fue el acento y el aspecto de hombre rudo, irascible, rígido, de mirada penetrante y vehemencia al hablar de aquel alemán recién llegado a estos pagos. Buscaba, como todos, oro. Pero no para hacerse rico.

El era científico y estaba lleno de principios humanistas y solidarios aprendidos en su Alemania natal, nada más ni nada menos que de la mano del gran maestro, el otro alemán: Karl Marx.

Nacido en Lübek en 1836, desde muy pequeño tomó la posta de su padre médico, naturalista y viajero. Fue ingeniero en minas, pero además se destacó en geografía, física, química, meteorología, cartografía, ciencias naturales, Historia, pedagogía, filosofía y literatura.

En San Luis como minero, fue el primero que fabricó y utilizó la dinamita; escribió la “memoria Descriptiva de la Provincia de San Luis” y creó el “Plano Topográfico de San Luis”; fue docente y Rector del Colegio Nacional.

 Germán Ave-Lallemant se quedó en San Luis. Entre 1891 y 1895 se dedicó entusiastamente al estudio y desarrollo de la agricultura en la provincia, sin posibilidades de difundir (solo en revistas de Buenos Aires), ni aplicar en nuestra provincia lo que sabía. De modo que debió trabajar como agrimensor “…en el servicio de nuestros terratenientes por el pan diario, no he contado con los medios necesarios para llevar mis observaciones y mis estudios más allá que en la forma de simples apuntes de un transeúnte en busca de ocupación”.

Por fin, en 1898 es nombrado Jefe de la Oficina de Estadística de la Provincia y ya, el periódico local “La Reforma” publicaba sus notas sobre la temática. En 1900 ocupa el cargo de Jefe del Departamento de Topografía y Obras Públicas. ¡Ahora sí que San Luis contaba con un profesional, con un idóneo, con un genio para tanto que había que hacer!

Sólo unos pocos meses más tarde, antes de terminar ese primer año del siglo, Germán Ave-Lallemant era separado de su cargo, por… ¡razones políticas!

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

El Trotamundos 1900

Nació en 1825.  En 1846, se recibió de abogado en Santiago de chile y, aunque brillante hombre de Derecho, eligió su propio destino convirtiéndose en geógrafo, agrimensor y geólogo.

Pero antes, ya había escrito “Cuadro Descriptivo de la Provincia de San Luis”, obra elogiada por el mismísimo geógrafo y sabio francés Martín de Moussy.

Luego vendrán, entre otras: “Cuadros Descriptivos de las Tres Provincias de Cuyo”; “Las Tres Premisas de la Situación Nacional: Guerra del Paraguay; Cuestión Capital de la Nación y Cuestión Fronteras”; “El Reinado de los Locos”; “Discusión de Límites entre las Provincias de San Luis y Córdoba”; y, ¡ahora sí señores!. . ., nos detenemos en la siguiente obra: “Fisiografía y Meteorología de los Mares del Globo”, 2 tomos, ¡¡1.400 páginas!!  Publicado en los Anales de la Sociedad Científica Argentina.  El hijo de la aldea mediterránea y polvorienta, en la que el mar era una entelequia, fue el primer puntano que entre 1882 y 1889, dio la vuelta al mundo navegando! Le gustaba decir con inmenso orgullo, “…hice la circunnavegación completa del globo, recorriendo dos veces el Pacífico y el Atlántico de sur a norte y de norte a sur, en toda su extensión…”

Juan no anduvo de vacaciones. Las 1400 páginas escritas por este Darwin americano desbordan de datos científicos, astronomía, narraciones de viaje, geología marina, oceanografía, cosmogenia, etc.   

A fines de 1892 llegó a San Luis el anciano trotamundos, humanista y progresista. Mucho silencio en la prensa y los políticos adictos al régimen “falaz y descreído”.

Mucha ignorancia en los ciudadanos comunes que, además, ni locos se creerían semejante cuento de la vuelta al mundo!!. Sin embargo, dos audaces caballeros, que luego darán testimonio, visitaban al viejo sabio en su quinta en aquellas tardes apacibles, los jóvenes Tomás y Nicolás Jofré, quienes supieron disfrutar del privilegio fascinante de aquellas charlas eruditas.

Tiempo después, Don Juan Llerena  se radicó en Buenos Aires, para morir el 14 de marzo de 1900.

El nuevo siglo lo despedía, cientos de estudiantes de las universidades del nuevo siglo absorberían sus conocimientos;  aunque, en su San Luis natal, ni siquiera se lo recordase. Pero, Dr. Juan Llerena, puntano, humanista, progresista polémico, científico y trotamundos, hoy nuestros niños en las escuelas ya empezarán a conocerlo, aunque sea, desde este humilde tributo.

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

Buena Esperanza 1903

Finalizada la Campaña del Desierto en 1.879, el vasto territorio que los ranqueles ocupaban en el sur de San Luis, fue destinado a la colonización. Así fue que en el año 1.881, la sociedad conformada por Rafael Cortés y  Echesortú compraron 358.900  hectáreas de tierras fiscales en la región Sud, Estas tierras, tras haber pasado a poder de don Guillermo Paats, fueron vendidas por éste a la Sociedad Anónima Holandesa denominada “La Buena Esperanza”, el 15 de Junio de 1.885, en la ciudad de Rosario. Conformaban 114 leguas cuadradas y así se constituyó la estancia que denominaron con el nombre del consorcio comprador.

El casco de la estancia se hizo en un lugar más o menos céntrico y le llamaron “Yatagán” (nombre que conserva la estancia) al lado de la laguna “El Chañar”, hoy sin agua,  donde los indios dieron muerte a un destacamento que penetró tierra adentro en 1.828.

Se dividió dicha estancia en potreros hasta de 12 leguas cuadradas cada una, la mayoría con sus puestos a los que se le llamaron: “La Haya”, “San Casiano”, “Machado”, “Tapayo”, “La Holanda”, “Rótterdam”, “La Juana”, “La Nueva Esperanza”, “La Reina Guillermina”, “Batavia”, “El Águila” y “El Lucho”.

El 6 de Noviembre de 1.905, fue enajenada la estancia “La Buena Esperanza” con todas sus existencias, por la cantidad de 800.000 pesos oro, siendo comprador la firma  Tornquist & Cía. Ltda..

 El 1º de Marzo de 1.903 llegó a la estancia La Buena Esperanza la punta de rieles del ferrocarril y en el mismo mes, el primer tren de pasajeros desde Buenos Aires construyéndose la estación en propiedades de don Jesús Porto, Cuando llegó a ésta el ferrocarril no habían casas cercanas a la punta de rieles, pero existía una, de  Venancio Goyo, al sur del actual cementerio, donde estaba establecido un boliche al que concurrían por mercaderías y bebidas los trabajadores de las estancias cercanas. Posteriormente comenzó a poblarse, siendo la primer casa que se construyó la de Jesús Porto, frente a la estación, que  posteriormente recibió el nombre de “Hotel Central”.

El trazado del pueblo fue hecho por el segundo ingeniero de la construcción del ferrocarril, de apellido Ruggeroni.

La edificación comenzó en la parte sud-este que se le llama “San Felipe” de propiedad de don Jesús Porto, al oeste y por último en la parte norte de la vía férrea en propiedades de Roberto Dixon, a la que se le  llamó “Ensanche”.

El 7 de Diciembre de 1.904 se sancionó la Ley Nº 192, por la cual se creaban dos partidos en el departamento de Capital y uno en el departamento General Pedernera que se denominaría “Buena Esperanza”,  con cabecera en la estación del mismo nombre.

Con fecha 7 de Abril de 1.905 el ministro de gobierno Francisco F. Sarmiento fue comisionado para inspeccionar y determinar el punto mas conveniente para capital del  partido o pueblo de Buena Esperanza, algunos días después – el 24 – designó el gobierno las autoridades de la nueva población, nombrando como Intendente Municipal a Juan Clark, Secretario Municipal a José Rios, Comisario a Daniel Miró y Encargado de la Oficina de Registro Civil al Juez de Paz  Lisandro Torres.

En 1.911, la Municipalidad adquiere cuatro solares de la manzana comprendida entre las actuales calles Sarmiento, Pedernera, Bartolomé Mitre y Jhon Kennedy para la realización de la que hoy es nuestra plaza.

 En 1.912 se inicia la construcción de las oficinas públicas provinciales, la Policía y la Intendencia Municipal en el edificio situado en la esquina de Pedernera y Bartolomé Mitre, sede actual de la Comisaría 19.

En 1.904 las primeras instituciones públicas  que empezaron a crearse, fueron las siguientes: la Escuela Primaria (1.904), Central Telefónica, Oficina de Correos, posteriormente la Policía, Registro Civil, Registro Notarial, Usina Eléctrica, Club Deportivo de Fútbol (1.914), Hospital ( 1.957), Colegio Secundario (1.963), Banco (1.969), Iglesia Santa Rosa de Lima (1.966), Biblioteca Municipal (1.978), Instituto Santa Rosa de Lima (1.995).

Los deportes que se practicaban en aquella época fueron el Polo  (1.907), constituyéndose en 1.928 La Bolivia Polo Club; las carreras de caballos organizadas por colonias Inglesas (1.907), el Tenis y Pelota Paleta (actualmente se practica este último).

Fútbol: En 1.928 se crearon los Clubes Cultural Argentino y Atlético Huracán.

Automovilismo: En 1.975 se realizaron carreras de regularidad, en 1.991 se corre la primer carrera  en la localidad. En 2.004 se realiza el Rally de los Médanos, compitiendo  en la misma tres representantes de la localidad.

En 1.987 se practicó el Rugby por el término de dos años.

Expresiones  culturales:

Desde 1.929 hasta la década del 50 se realizaron representaciones teatrales, en distintas obras como: El rosal de la ruina, La traviata, Barranca abajo, El señor maestro, interviniendo en todas pobladores de esta localidad.

En la década del 40 se formó el primer grupo musical que amenizaba los bailes. Actualmente cuenta con un conjunto musical folklórico: Los Huarpes y tres Bandas de Rock.

Entre las expresiones culturales se destacan: la literatura, poesías, cuentos, diarios y revistas, artesanías, fotografía, academias de danzas folklóricas, contando nuestra localidad con 4 ballets.

Fiesta Provincial de la Tradición: se inició en 1.979

Banda de música: se inició en 1.990. En 1.993 el Gobernador Adolfo Rodríguez Saá hizo entrega de un importante subsidio por el que adquirieron 28 instrumentos. Actualmente es la única banda del departamento y participa en todos los eventos  culturales de la localidad y zonas aledañas.

Ruta Nº 148:  Finalizó la pavimentación en el año 1.972

Medios de Comunicación: Cuenta con dos radios FM y televisión por cable.

Escuela Primaria: Se creó en 1904 siendo su primera directora la Srta. Elvira Soria sin título de maestra. Funcionó en distintas viviendas de familias de la localidad: Di Giácomo, Peroggi, como también en las actuales viviendas de las flias. Baumgartner y Rozandal.

En 1910 se nacionalizó como Escuela Nº 54 y en 1945 contó con su edificio propio, que es el actual con todas las ampliaciones y remodelaciones realizadas a través del tiempo, fundamentalmente durante la gestión del Gobernador Dr. Adolfo Rodríguez Saá.

Se encuentran presentes para contarnos de sus experiencias como docentes: Teresita M. de Mignón, Cristina I. De Renou, Celia P. De Fadón y Berta R. De García.

Telefonía: en 1904 se fundó la 1º central telefónica creada por la firma Mamy y Guillet. Su primera operadora fue Felisa de Torres y como guarda-hilos: Cruz Torres y Antonio Domingo Centeno.

El señor Livio Domínguez presente, ingresó como ayudante de Cruz Torres en las tareas de cuidado y mantenimiento de las líneas telefónicas que nos relatará algunas vivencias.

Correos: se creó en 1905 la estafeta de correos funcionando en una pieza de madera que sirvió para tal fin. En 1975 se inauguró el nuevo y moderno edificio actual. Elio Domínguez se desempeñó como Jefe de Correos y Telégrafos y se encuentra presente para contarnos su experiencia como tal.

Policía: el actual edificio de la policía local fue inaugurado en 1925. La Sra. Juana Baumgartner y Cervando Lucero han pertenecido a la institución y nos contarán de su paso por la misma.

Club Cultural Argentino: se fundó en 1928, inaugurándose su  Campo de Deportes en 1943 y el edificio propio de su Sede Social en 1950. se encuentran presentes Roberto Rodríguez, quien fuera Director Técnico y Angélica G. De Miranda que nos relatarán experiencias y anécdotas.

Club Atlético Huracán: fue fundado en 1928 y su local estaba entre las calles 9 de Julio y Sarmiento. En 1972 se inauguró su nueva Sede Social actual. Cervando Lucero nos trasmitirá sus vivencias como ex jugador y ex presidente de la institución.

Hospital: en 1957 se construyó el edificio del antiguo Hospital Juan A. Gonzalez que se encontraba entre las calles Independencia y 9 de Julio. Su director era el Dr. Carlos A. Sand que por muchos años demostró su capacidad, su profesionalidad y entrega en el arte de curar, iniciando y enseñando a quienes comenzaban en la profesión de enfermeras. Están presentes Juana Bartolussi y Mirta M. de Renou quienes acreditarán a través de sus relatos la experiencia acumulada en sus años de labor.

Colegio Secundario: en 1963 se inaugura el Instituto Secundario “Luisa F. de Cortés Aparicio”, funcionando ese año en la casa del Sr. Juan A. Baudino.

En 1964 se concretó la construcción de su propio edificio actual.

Por sus aulas han pasado 37 promociones de alumnos muchos de los cuales siguieron estudios superiores. Se encuentran presentes ex alumnos que ingresaron a 1º año en 1963: José Borda, Eduardo García, Roberto O. García y Teresa Reviglio que contarán anécdotas. También se halla presente el Sr. Alfredo  Pérez, ex profesor, que nos relatará su labor desarrollada en el colegio.

También se encuentran presentes Idelfredo Lucioni que nos relatará sus experiencias y conocimientos sobre hallazgos indígenas encontrados en la zona.

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

 

El Primer Revisionista 1905

Escribe el Profesor Víctor Saa que cuando en 1887, Mitre publicó en la REVISTA NACIONAL “Laconjuración de los prisioneros españoles en San Luis en 1819”, terció en el debate el joven José María Tissera, difundiendo en la misma revista un texto que tituló “La conjuración de San Luis (1819). Ampliaciones y rectificaciones históricas”. Digamos, de inmediato, que es la contribución más responsable referente al asunto de que se trata.

No se inmuta ante la autoridad del historiador, y con sencilla convicción comienza diciendo: “La historia no ha pronunciado aún su última palabra sobre detalles y circunstancias importantes de la conjuración..” Aclarado .el propósito que la animaba, el pretexto que la provocó y los peligros que. entrañaba para la causa de la revolución de la Independencia. cree que “Difícilmente puede haber un episodio de aquellos tiempos que a pesar de los años transcurridos, se presente rodeado de más misterio en sus accidentes, y que más haya resistido a la investigación del historiador”.

Leídas las páginas publicadas por Mitre en la “Revista Nacional”, Tissera comenta: “Esa narración, sería exacta si en la descripción del cuadro general no se omitiesen detalles de consideración y no se incurriese en error en la apreciación del rol que juegan actores principales de aquel drama sangriento”. Y agrega, expresando el motivo que lo impulsó a publicar sus “rectificaciones”: “Mantener vivo el recuerdo de algunos de estos, delinear sus personalidades, colocándola en el puesto que corresponde, es no solo rendir un justo tributo a la verdad histórica, sino también cumplir un deber de patriotismo como argentino y como hijo de la ciudad que conserva en su tradición gloriosa aquel hecho memorable”.

Entonces configura la actuación del comandante D. José Antonio Becerra, “viejo patriota, alma de la represión”, según sus conceptos, quien “No era un oficial chileno como lo dice el historiador ya citado, ni un advenedizo, ni un desconocido., rematando así su pensamiento: “Su figura militar se destaca con honor al lado de las de Pringles, Pedernera y muchos otros en aquellas campañas legendarias”.

La rectificación de Tissera a este respecto es acertada, como lo será cuando hace alusión a otros actores de ese episodio de  la Historia gloriosa de San Luis.

El Científico 1907

Braulio Aurelio Moyano nació en Villa Mercedes en 1907.  A los 18 años comenzó sus estudios universitarios y en cuatro años se graduó como médico. La tesis que presentó para doctorarse fue “Demencia presenil y demencia senil (enfermedad de Alzheimer)”. Luego, viajó a Europa a especializarse, sobre todo en la Clínica Neurológica de la Salpetrière de París, y en el laboratorio de la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Múnich.

El periodista Sergio Garis nos cuenta que: “Regresó al país en 1930 e ingresó en el Hospicio de las Mercedes como médico interno. Después fue nombrado jefe del laboratorio de Anatomía Patológica de Hospital Nacional de Alienadas. Se desempeñó como docente de Clínica Psiquiátrica Patológica de la Facultad de Medicina de Buenos Aires; profesor de Anatomía del Sistema Nervioso en el ciclo de estudios superiores de médicos psiquiatras”. “Murió joven, a los 52 años. Con su muerte, el país perdió a un eminente investigador de las enfermedades cerebrales. En su memoria el antiguo Hospital Neuropsiquiátrico de Mujeres de la Capital Federal lleva su nombre”.

Su hermana menor, María Clemira Moyano, entrevistada por el mismo Garis en 1993, recuerda una anécdota: “En una oportunidad, siendo presidente el General Perón, éste visitó el laboratorio donde trabajaba Braulio Aurelio. Perón quedó tan impresionado con las explicaciones que le daba Braulio, como así también con la pobreza de su laboratorio, que al poco tiempo le instaló uno de excelente nivel, lo cual favoreció ampliamente su investigación. Braulio Aurelio fue muy amigo del profesor Ramón Carrillo, que fue el primer ministro de Salud que tuvo el país, justamente en época del gobierno de Perón. Braulio le decía “el negro Carrillo”. Cuando Perón lo nombró ministro, éste lo quiso como subsecretario a Braulio. Aceptó. Pero a los dos días renunció. “A mí dejáme de molestar. Yo no estoy para cuidar trapos, sábanas y macanas. Yo estoy para investigar”, le dijo a Carrillo.

El Pampa 1909

Sostiene  Camilo Domínguez en su obra Perfiles Sanluiseños que “… la bondad de su corazón no tenía límites, pues era incapaz de negar nada. Las puertas de su casa estaban abiertas a los amigos y enemigos y a todos ayudaba en cualquier forma, aún con los recursos más escasos de su fortuna. “….fue un gran caudillo popular, pero no de esos que se imponen por el valor temerario  y por la audacia, sino por su gran corazón”.

El Pampa se nutrió del liberalismo libertario y su gran sentido de la generosidad, lealtad y justicia hicieron  muchas veces que fuera postergado hasta por sus mismos aliados.  Es así que, cuando en 1907, Esteban Adaro ocupó la gobernación gracias a una coalición de radicales, nacionalistas, autonomistas y republicanos, al formar su gabinete, deja afuera a  quienes habían luchado incansablemente para que esto sucediera.

Adolfo Rodríguez Saa, Alberto Arancibia Rodríguez y Juan Daract, entre otros, sienten la traición. El Pampa era bueno, generoso, noble, pero no zonzo. Su lucha tenía una meta, la consecución del poder. Así, por propia opción, Esteban Adaro va quedándose sin aportes de ideas, sin gente, sin sustento programático, sin obras y finalmente, sin gobierno.   Se puede calificar  de “conato revolucionario” lo que produjeron los “traicionados”, lo cierto es que Adaro no quiso, o no pudo seguir. Esto costó la intervención Federal y el llamado a elecciones para gobernador en forma inmediata.

El 18 de agosto de 1909, Adolfo “El Pampa” Rodríguez Saa asumía  como Gobernador de San Luis y, con la pasión que lo caracterizaba, en forma inmediata  comenzó a trazar el progreso,  mandando a construir un frigorífico,  la construcción de la actual Casa de Gobierno,  el monumento al Cnel. Juan Pascual Pringles,  la creación de la Caja de Jubilaciones y pensiones para los empleados de la Provincia.  Se remarcaron las calles céntricas y se construyeron las veredas de lajas.
En Noviembre de 1909 fue creada la Escuela Práctica de Mujeres; se constituyó la Asociación del Magisterio Puntano y en Octubre se inauguró la Biblioteca Pro Patria en la cárcel de la ciudad de San Luis. Se delineó el pueblo de Villa del Carmen y se proveyó de agua a varias poblaciones. En ocasión de los festejos del Centenario de la Patria, se creó el Batallón Escolar Puntano “Coronel Pringles”,  integrado por niños entre los 12 y los 15 años, quienes representando a San Luis desfilaron en los actos centrales en Buenos Aires. El 12 de Octubre de 1912 se inauguró la estatua ecuestre del Coronel Juan Pascual Pringles en la plaza que hoy lleva su nombre.

El Pampa fue nieto de Francisco Saá, aquel hermano incondicional de Juan, el legendario “Lanza Seca”; unido a Paula Rodríguez Jurado, hija del genial Carlos Juan Rodríguez, fue  padre de ocho hijos, entre los cuales hubo uno, Carlos Juan, que lo hizo abuelo de dos gobernadores que aprendieron de su impronta progresista.

 La Via  toma la imagen de un retrato del recién asumido gobernador. Ese segmento de nuestra historia que va desde 1909  a 1913, constituye el único en los primeros cuarenta años del siglo XX, en el que San Luis vivió en prosperidad.  Antes “el Régimen”;  después “la Década Infame”.

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

La Esquina 1910

1910, y José La Via captura la imagen de esa esquina para guardar en la memoria de los puntanos  aquel solar convertido en iglesia, que luego, con el revoque y la otra torre, será Catedral. El solar donde vivió, y casi murió Dupuy aquella mañana de febrero de 1819 cuando los prisioneros godos, antes de huir, lo quisieron matar, pero Dupuy no solo no muere sino que mata, desafiando la furia del imperio, que ahora sabe donde se ubica San Luis en el infinito mapa de sus colonias.

 La esquina polvorienta, la de la puerta abierta del almacén de Don Ciofi y,  cruzando en diagonal, el eterno quebracho blanco ¡que hoy perdura!, y que nadie se atrevió a sacar, pues, en esa madera fuerte y noble se ataron cientos de riendas, entre ellas las del caballo del Gran Capitán, aquel que daba instrucciones secretas a Vicente, hablando como español, pero pensando como americano.

 La esquina de las actuales Rivadavia y Pringles, que hoy atesora bajo el asfalto las huellas de los cascos de las cabalgaduras, los carros y las patas casi desnudas de aquellos que marcharon con el Aníbal Sudamericano, hacedores de la hazaña, gauchos y granaderos puntanos que dejaron todo, y mucho. Muchos se fueron, y muchos no volvieron. Tantos que San Luis casi se quedó sin hombres y debió cambiar la gloria por la pobreza, el aislamiento y la indiferencia. Así pagaron los del puerto el martirologio de nuestro pueblo!

La esquina de la Plaza de las Flores, aquella por cuyas veredas, luego de la salida de misa en aquellos previsibles domingos, las señoritas caminaban girando en un sentido, y los caballeros en otro, para poder mirarse a los ojos.

Promoción de alumnos de la Escuela Normal “Juan Pascual Pringles”.
Monumento al Coronel Juan Pascual Pringles. 1940
Foto: José La Via.

El Monumento 1912

“El Oasis” informa, en 1881,  que se ha creado una Comisión que encabeza como Presidente Honorario en Gral. Juan Esteban Pedernera. Pero, el anciano guerrero moría en 1886 dejando trunca la ilusión del monumento a uno de los hombres que más admiró en su vida. De manera que en 1905 se designa una nueva comisión, esta vez presidida por el Dr. Nicolás Jofré acompañado, entre otros por Abelardo Figueroa, y José Romanella. Obtienen del PEN  la suma de $10.000 para la construcción de la añorada estatua. Y pasaron los años (tiempos distintos aquellos), hasta que en 1911 llega contratado a San Luis el genial artista Rafael Radogna.

En agosto de 1912, el Gobernador de la provincia por Decreto nombra la Comisión encargada de los actos de inauguración y, convoca a todos los sectores sociales a participar de tan magno evento. Así, el 12 de octubre de 1912 se inauguraba el Monumento al prócer con la presencia, además de la multitud, del Regimiento de Granaderos a Caballo y el Batallón de Coraceros de Lavalle.

Hubo palabras de ilustres, y esa noche en el Teatro Municipal hubo baile oficial al que asistió el Sr. Gobernador Dr. Adolfo Rodríguez Saa y su Ministro de Gobierno Dr. Juan Daract.

Un dato para inflarnos el pecho: Ayacucho (9 de diciembre de 1824), la última batalla que termina con los godos en Sudamérica. Otra vez el coraje de Pringles que sobresale asombrosamente. Simón Bolívar lo condecora con medalla de oro y el título de Benemérito en Grado Eminente. Sucede entonces un hecho destacable: El Gran Caraqueño ofrece a Pringles el grado de General del Ejército Libertador con la condición que se quede a su lado y continúe su vida militar en Colombia. La respuesta de nuestro prócer fue negativa pues, su desesperante nostalgia por volver a su tierra chica,  después de tanto tiempo y hazaña, agitaban su corazón.

El Aviador 1913

Manuel Félix  nació en la ciudad de Villa Mercedes el 6 de enero de 1891. Dicen que cuando niño, en las siestas lo veían correr por aquellas veredas anchas detrás de su avioncito de papel. Dicen también que muy joven se inició en la carrera militar, pero no para portar fusil, sino un avión.

Aquel enero de 1913, el Aero Club Argentino había organizado un raid aéreo entre Buenos Aires y Mar del Plata. Origone ya era Teniente, y había obtenido su “brevet” internacional como piloto otorgado por la institución, con el número 17.

Tiempo inclemente aquella mañana de lluvia, viento y niebla.  Los dos prestigiosos pilotos europeos que participaban en ese evento deciden no volar, porque “solo un loco puede subirse a un avión con semejante tiempo”, dijeron.  Origone desoye, desafía, se prueba a sí mismo, insiste ante los organizadores y sostiene que no va a dejar al público presente sin vivir la emoción y que además, no está dispuesto a inhibir su propia adrenalina.

El  “Bleriot” de 50 hp., siempre dispuesto a no contrariar las decisiones de su amo, inicia el vuelo. A los cuarenta minutos y desde unos 300 metros de altura, el avión se lanza en picada, como un cóndor moribundo,  para estrellarse en tierra.  Así, el puntano villamercedino Manuel Félix “aviador Origone”, se convierte en la primera víctima de la aviación civil y militar de la República Argentina.            Su ejemplo, su coraje kamikaze y su desafío, han sido admirados y venerados por las  generaciones de aviadores y  ¡cómo no!,  también de aquellos héroes que perpetuaron su memoria en la heladas aguas de Malvinas.

Sus restos descansan al pie del monumento erigido en su homenaje, en la ciudad que lo vio nacer.

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

Pionero 1915

Difícil es en apretada síntesis exponer lo que sus biógrafos han escrito. Su vida encarnó un permanente ejemplo de constancia y noble afán de superación. En pocos meses aprobó el bachillerato y en tres años el doctorado en derecho y jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires, con medalla de oro. Para eso trabajó en las tareas más rudas a fin de costear sus propios estudios y ya en el ejercicio de su profesión conquistó rápida fama por la claridad de su juicio, por su talento y por su erudición, especialmente en derecho procesal penal en el que adquirió renombre por las doctrinas novedosas que impuso y por su vasta versación sobre los autores y la jurisprudencia extranjera.

Ascendió a la cátedra universitaria, llegando al decanato de la Facultad de Derecho de la Plata, al estrado de juez y a las bancas de la Cámara de Diputados y del Senado de la provincia de Buenos Aires, sentándose también en los escaños de las convenciones constitucionales de San Luis.

Su ciencia y la profundidad de sus concepciones jurídicas afloraron en leyes y códigos que hacen honor a la legislación argentina. Sus textos de derecho fueron adoptados para los estudios universitarios y utilizados con preferencia en los bufetes de los abogados y en las salas judiciales. Las provincias de Buenos Aires y San Luis le encargaron los códigos correspondientes a su materia, que sin duda fueron los más adelantados del país y por eso aún tienen la vigencia de las grandes leyes. Magistrado de alcurnia, catedrático versado y erudito, jurisconsulto y codificador egregio, legislador eminente y profesional de sólidos prestigios, se dejó llevar por su vocación que lo convirtió en un maestro cuya pasión por el derecho conoció y admiró todo el foro de la República.

Es considerado el  fundador de la ciencia del Derecho Procesal en la Argentina por haber sido el primero en América Latina en tomar contacto con la obra de Giuseppe Chiovenda y en haberla dado a conocer a través de sus citas.

Abelardo Levaggi  sostiene que  “Como hombre de Leyes era partidario de la oralidad en el juicio, manifestándolo así en numerosas oportunidades. Se destacó por haber sido el autor de Códigos y numerosos volúmenes de temática legal. De ideas socialistas, tuvo una importante actividad política, siendo Concejal en Mercedes (Provincia de Buenos Aires), Diputado Provincial y Senador Provincial. Tuvo a su cargo la redacción del Código de Procedimiento en lo Penal de la provincia de Buenos Aires, que reemplazó y modernizó en su momento el sumario en materia criminal y correccional. Dicho Código sancionado en 1915 estuvo vigente en la provincia hasta 1998”.

Teófilo y sus Principios 1917

En el Colegio Nacional “Juan Crisóstomo Lafinur” tenían vacante para la cátedra de inglés. Un correligionario radical le pide al Dr. Teófilo Saa que ejerza sus influencias ante el Ministerio de Instrucción Pública de la Nación, para acceder a esa cátedra, a lo que el caudillo accede, asegurándole el puesto. Recordemos que al hombre le sobraba autoridad moral para recomendar gente: hijo del legendario Brigadier General Juan Saa “Lanza Seca”; Integrante del Superior Tribunal de la Provincia; líder de la Revolución Radical de julio de 1893 en San Luis y Gobernador Provisorio de la provincia hasta que el conservador Ministro del Interior, Dr. Manuel Quintana, influyó para que fuese dictada por el Congreso Nacional la Ley 2950 disponiendo la primera Intervención Federal en San Luis.

 La imagen tomada en 1917 (tal como se aprecia en el papel de la foto) por José La Via, corresponde a un retrato de Teófilo seguramente hecho durante su breve Gobernación. Diecisiete años después de su muerte, justo antes de cumplir 40 años, en el primer mes del nuevo siglo.

En aquellos días de 1897, llegaba a San Luis una delegación de empresarios ingleses interesados en invertir en la provincia. Teófilo Saa es designado anfitrión de semejante visita. Debe recibirlos y establecer las negociaciones, pero no habla inglés, ni ellos castellano. Por lo tanto, se le ocurrió la buena idea de llamar a su amigo “el profesor” a efectos que oficiara de intérprete.

Los británicos hablan y hablan y el intérprete está mudo. ¡No entiende nada de lo que dicen! Contrariado y furioso, una vez terminada la brevísima reunión, Teófilo se dirige a su escritorio, redacta, firma y ordena telegrafiar urgente el siguiente texto, que lee en voz alta a su amigo el “intérprete”:

“Señor Ministro de Instrucción Pública: desisto de mi pedido de nombramiento para la cátedra de inglés; mi recomendado ha muerto”.

Fuente: Villegas, J. (2011), “Escenas de la Historia de San Luis”. Argentina. Editorial San Luis Libro.

Desde Otros  Mundos 1920

La Ley Nacional N° 817 promulgada en 1876, plantea la necesidad de poblar y colonizar el territorio argentino. Luego, la Ley N°1532 de 1884 y otras sucesivas permitieron por su flexibilidad los movimientos inmigratorios y migratorios en el país. Así, comienzan a arribar los barcos repletos de inmigrantes de diversas nacionalidades con los sueños de prosperidad que les brindaba aquella generosa legislación.

A nuestra provincia arriban las primeras personas (el mayor flujo entre 1880 y 1930) atraídas por sus propios parientes llegados con anterioridad, o bien por sus sueños de progreso. Así, las comunidades se fueron consolidando y, las más significativas fueron la italiana, española, sirio-libanesa y judía en nuestro territorio. De esta manera, la sociedad originaria va transformándose, ya sea por lazos sanguíneos y/o por cultura. Luego, hacia finales de la Segunda Guerra Mundial, una nueva oleada inmigratoria (cuantitativamente menor), arribó a nuestro país, y nuestra provincia recibió otro flujo de inmigrantes que, en este caso, fueron contenidos por los parientes que ya se habían mimetizado con San Luis.

Inmigrantes

ITALIANOS:

Entre los primeros, Montagna, Latino, Cantisani. En 1886 se crea la “Sociedad Italiana “La Patriótica”. Con el paso de los años, esta Sociedad irá cambiando de autoridades e integrando a los nuevos inmigrantes. De hecho, al observar los apellidos, podemos decir que toda la colectividad de San Luis estaba representada en esta Institución. Así, cronológicamente citaremos solo algunos presidentes y directivos de las sucesivas comisiones, desde su fundación: Latino, Pinto, Mollo, Paladini, Bona, Acri, Mosca, Cacace, Cantisani, Pesce, Moccia, Cangiano, Furnari, Moschela, Ossola, Yacarini, Mazzola, Fioretto, Ponce, y otros. OTRAS FAMILIAS DE ITALIANOS ESTABLECIDOS EN SAN LUIS: Romanella, Milone, Meloni, Micalizzi, Fioritto, Manchafico (Presidente de la Sociedad Familia Siciliana); Odicino, Moggi, Nobile, Paone, Rosso, Picca, Perreti, Fenoglio, Gennero, Risma, Venesia, Amiotti, Anello, Marolla, Gitto, La Via, Interguglielmo, Di Pascuale, Digennaro, Cioffi, Randazzo, Domenicone, Gianello, Giunta, Guastadisegni, Palmiotto, Scivetti, Borzotto, Invecci, Magis,  Mauro, Miraglia, Pérsico, Pisoni, Pollio, Rezzano, Santágata, Scala, Sergnese, Sotile, Cangiano, Trifiletti, Vescia, Delpiano, Pellegrino, Daniele, Debatista, Giaccosa, Giuliano, Mondino, Carnevale, Capurro, Celi,  y otros.

ESPAÑOLES:

La segunda comunidad más numerosa de San Luis.  Como el caso de los italianos y otras comunidades, podemos reconocer sus nombres a través de las Instituciones que fundaron. En este caso, la “Asociación Española de Socorros Mutuos”, que contuvo a españoles andaluces, catalanes y valencianos fundamentalmente. Su primer presidente fue Pablo Zorrilla y algunos de sus directivos  más conocidos son: Irurozqui, Carlés, Borrás, Romeo, García, León, Pastor, Rodríguez, Calero, Pons, Cobos, Campos, Braga, Sánchez, Montero, González, Fernández, Rodríguez, Gómez, Olivella, Vergés, Otero Alric, Alonso, Díaz, Lobo, Agúndez, Estrada, Crespo, Parrilla, Ballestero, Godoy, Alvarez, Ruíz, Pedroza, Vázquez, Roca, del Cerro, Riera, Toledo, Urquiza, Pérez, Olagaray, Costa y otros. OTROS APELLIDOS DE GRAN ARRAIGO EN SAN LUIS: Balldosera, Bustos, Umana, Nadal, Muñóz, Celorrio, Piguillem, Segalá, Martín, Jofré, Tissera, Saa, Garro, Pena, Ojeda, Figueroa, Lucero, Belgrano, Medina?, Videla,  Rosales, Orozco, Barroso, Villegas, Blasco, Brianzó, Guevara, Sosa, Torres, Cortés, Fabré, Ferrando, Ramos, Funes, Reyes, Leyes, Iglesias, Ibarra, Perarnau, Segado, Suárez, Torró, Vega, Berruetta, Vilela, y otros.

SIRIO-LIBANESES: Primeros inmigrantes: Chediak y Jorge (1888), Nassif y Nellar (1891).   En 1914 ya se habían establecido: Abdala, Amado, Baracat, Caram, Chada, Chuari, Dagfal, Eni, Flores, Galeb, Maluf, Saad, Zaid y otros.  “Sociedad Sirio-Libanesa de Socorros Mutuos”. Algunos de sus directivos: Apez, Chada, Hissa, Abdala, Altamira, Alume, Abrahin, Raba, Saa, Mocdece, Haidar, Neme, Manzur, Daruich, El Nackloul, Rachid, Tohme, Curi, Aranega, Abdallah, y otros.

JUDÍOS: Primeros inmigrantes: Salomón Stern llega a San Luis aproximadamente en 1870, y es nombrado Médico de la Policía de San Luis en 1876. Salomón Abraham Becker, se establece en San Francisco del Monte de Oro a finales del siglo XIX e instala una plantación experimental de vid. Su hija María Juliana Becker, nacida en San Francisco, será la primera médica puntana del siglo XX, recibida en la UBA.        A principios del s. XX, ya estaban establecidos en San Luis Don Moisés Hodara y posteriormente Don Sucher Weinstock.     El 11 de mayo de 1925 se funda la “Sociedad Israelita de Beneficencia” y su primera Comisión Directiva estuvo integrada por personas que serán ascendientes de muchas de las familias arraigadas en la provincia. Ellos son, entre otros: Ganon, Merlín, Sananes, Levy, Landau, Benchuya, Sternik, Beraja, Rubin, Amiras, Aljanati, Benzaquen, Meirovich, Pestchanker, Rosa, Cazés, Romano, Shwager, Marchevsky, Chuchan, Ciporkin, Estrugo, Chatan. OTRAS FAMILIAS DE  ARRAIGO EN SAN LUIS: Goldemberg, Bentolila, Elmaleh, Salama, Anidjar, Farkas, Benelvas, Benmergui, Telias, Fainguerch, Aljadeff, Farji, Braverman, Ciporkin, Zelikson, Pichon, Axenfeld, Nahum, Miller, Koan, Oijerman, Igel, Grimberg, Burd, Acrich, Hurman,  Benadiva, Duer, Millara, Niremberg, Benyuia, Chatán, Telias y otros.

Nota: extracto del libro “Los Inmigrantes en San Luis y su relación con los Nativos”. Proyecto y Dirección: Marta I. López Lucero. San Luis: UNSL, 1994.

El Ilustre Ignorado 1920

El Dr. Nicolás Jofré lo rescata. Y su valiente pluma, escribe:

Feliciano Ayala venía desde hacía años prestando servicios a su provincia. Siendo muchacho joven, estuvo incorporado en los Regimientos de Dragones y Auxiliares, etc.  En el año 1860, era Gobernador de San Luis el Coronel Juan Saa, y, naturalmente, lo tuvo a su lado, como que habían servido en los mismos Regimientos. Por ese tiempo, es decir, durante el año 1860, entre los hombres de la Confederación y los de Buenos Aires, comenzaron a producirse disparidad de pensamientos, los que podrán resumirse en este juicio: Sentíase aspiraciones  latentes, sordas, quizá· incontenidas hegemonías, pero que iban concretándose en pasiones realizadas en violencia.

Los ejércitos estaban desplegados en Pavón,  la mañana del 17 de Setiembre de 1861. El General Juan Saa mandaba la caballería del ala izquierda. Recorría a paso de caballo la línea de batalla, dando órdenes, momentos antes de lanzarse al combate. Llega a donde está· el Coronel Ayala, y le dice: -A vos, negro, no tengo nada que decirte: demasiado sé de lo que sos capaz. Fue tal mi satisfacción, nos decía como treinta años después, que si hubiera de haber peleado como león, ese día peleé como un tigre.

Felipe Saa decía del legendario lancero: Ayala nos acompañó a mí y a mis hermanos, durante nuestro destierro: así mismo después de la batalla de San Ignacio, volvió nuevamente a tierra de indios: es militar valiente, formado en las fronteras, sahumado en las batallas. Conoce, amén de las costumbres y zorrerías de los Pampas, palmo a palmo, caminos, rastrilladas, y lagunas, hasta el  último guaico.

Octogenario ya, conservando siempre su lanza y su sable, murió en esta ciudad en 1893, olvidado y en la miseria. Solo se conserva junto a la tapera en donde vivió, un añoso algarrobo blanco, bajo cuya sombra solía tomar su mate, y dejar cruzar por su mente las tristes añoranzas. Calle Belgrano Nº 206.

Caen los viejos montoneros, aquellos que ante las amenazas de los gobiernos absorbentes, o la supresión de su libertad, prefirieron ensillar su redomón o levantar su poncho y su lanza: para combatir o para plantar su tienda en el Desierto.

En el lecho misérrimo y en su hora de agonía, humedecen la cuenca de sus ojos con la última lágrima y, al cerrarlos, sonríen: es que vienen a su mente tristes remembranzas del pasado, y al propio tiempo ven enjoyada de riquezas la patria amada, la patria de sus sueños.

Perfil de la Iglesia Catedral, en San Luis, hacia el año 1920.
Fotografía tomada por José La Via desde la esquina de las calles Rivadavia y Pringles

La Iglesia Madre 1920

1856: la Ley N° 37 del 6 de marzo dispone la construcción de la Iglesia Matriz. Don Pablo Lucero, quien fuera gobernador había resuelto y testamentado que parte de su pecunio y terreno fuera destinado a la construcción del templo. Ya la vieja Iglesia Matriz (actuales 9 de julio y Rivadavia) estaba casi en ruinas. Había un solo templo frente a la Plaza de Armas hacia el Sur, el de Santo Domingo.

Recién en marzo de 1883, durante el gobierno del Cnel. Zoilo Concha Villegas, se colocó la piedra fundamental. Pero, siempre la escasez de recursos dilataba todo en San Luis. De modo que, recién en 1897 se inauguraba la primera parte de la obra y en 1905 tuvo lugar la consagración del Templo con la presencia de Monseñor Benavente, obispo de Cuyo. La primera torre del edificio se construye en 1924.

Luego de la precedente cronología, se hace necesario destacar un dato extraordinario para la Historia de los puntanos: bajo los cimientos del majestuoso templo, en esa sagrada porción de tierra se erigía señorial la casa de Don Tomás Osorio (incondicional colaborador del Gral. San Martin), habitada por el gran Vicente Dupuy entre 1814-1820. En ella, recibió el lautarino a su “hermano” el Aníbal Americano en setiembre de 1814, en 1816 y en la primavera de 1819.

El pueblo puntano juró en su cálido interior la Independencia en 1816 y, el 8 de febrero de 1819, en las salas y los patios de esa emblemática residencia,  aquel corajudo gobernador acompañado por su pueblo, sofocó la sublevación de los prisioneros realistas que intentaron matarlo.

El Mercado 1929

El 1 de junio de 1879 se inauguraba el primer mercado central en la plazoleta que hoy es el Paseo del Padre. Edificio elemental que, a mediados de la década del ´20 se incendiara, curiosamente días después de la visita y discurso frente a sus puertas del Dr. Nicolás Repetto (máximo referente del Partido Socialista).

Lo poco que quedó en pie fue demolido en 1927 para dar paso a un nuevo edificio, el del Mercado Municipal, inaugurado en 1929 por el Gob. Arancibia Rodríguez. El edificio construido en el mismo predio, con techos de cinc y de 2.010 mts2 cubiertos, permitió por primera vez que los propios productores pudiesen vender sus mercaderías sin intermediarios, es decir, directo al público, beneficiando a los sectores populares de la ciudad y alrededores.

Desde el balcón del primer piso de su casa, bien frente al Mercado, por calle Colón,  José La Via obtuvo esta imagen el mismo día de su inauguración.

La Evocación 1930

Arturo Capdevilla, poeta, historiador, filósofo y dramaturgo, amigo de Miguel de Unamuno, enamorado de nuestras cosas y gentes, nos evoca allá por 1930, cuando hace un paneo con sus ojos curiosos y llenos de amor por esta tierra:

“levantamiento de indios y defensa de capitanes extraordinarios; deslumbramiento de minas y lavaderos de oro; la Carolina… El grito de Mayo… San Martín y Pueyrredón en tierra puntana… Episodios de coraje, de nobleza y de sangre… Los guerreros civiles… Facundo y su lanza… Pringles que cae… Rosas… Cabezas cortadas… El indio otra vez… El combate singular de Juan Saá con Baigorria.  Y, la vida extraña y el misterioso destino de Juan Crisóstomo Lafinur, el filósofo, el humanista, el poeta, el músico  que en Mendoza, que en Santiago de Chile ensaya cumplir como un destino órfico… San Luis necesita el retorno de Lafinur… Era costumbre antigua cuando no podían recogerse en el sepulcro, las cenizas de un gran muerto, por haberlos aventados la fatalidad, levantar para su memoria un cenotafio, es decir una tumba vacía, que en rigor no lo estaba ni era tumba, porque en su hueco moraba solamente un hombre, una memoria.  Este es el cenotafio que los muchachos de San Luis le deben aún a su paisano de un siglo atrás; la fundación de un centro literario y artístico que lleve su nombre; un Ateneo Lafinur, por cuya virtud aquel gran hombre se torne realmente el resumen de la tierra donde nació”.

“De haber nacido yo en San Luis, ya me estoy viendo, con la primera mocedad, en esta deliciosa plaza Coronel Pringles todo verdor como un bosque. Ya me estoy viendo en aquel claustro de hojas, en aquel recogimiento cruzado de trinos en la paz de una tarde, cuatro amigos en un banco, recomponiendo el mundo, constituyendo el arte literario, descubriendo la vida. O veo llegar las tibias noches de retreta y me imagino entre las filas de muchachas y muchachos que van y vienen, y me supongo melancólico”.

La Peste 1932

Año 1932. El pánico se apodera de los habitantes de San Francisco del Monte. Y es que a tan solo unas leguas del pueblo los cristianos se estan muriendo de muerte rara. Cosa ´e mandinga pa´ los paisanos; peste bubónica para los científicos.

No hay cura inmediata, la vacuna viene en camino (únicos autorizados a pasar por el “cordón sanitario” dispuesto para todo el Departamento Ayacucho. Pero, ¡con la vacuna no hacemos nada! –dice el Dr. Juan José Míguez Iñarra. Y, en su silla de ruedas, acompañado por el Dr. Agustín Montiveros, los dos médicos entran en zona roja, es decir, buscan el epicentro de la epidemia: la población rural, que ya cuenta con varios muertos.

Atiende a los contagiados Míguez en medio del horror. Se corta una mano en el apuro frenético de no dejar a nadie sin atender de aquellos paisanos (los que  no huyeron despavoridos a guarecerse en las sierras),  que se agolpan para verlo. Ahora, este filántropo, humanista hipocrático y priorizador de los pobres, sabe que va a morir. Y sigue, sigue atendiendo, hasta que su entrañable amigo Agustin, lo retira casi inconciente para llevarlo al pueblo, donde irremediablemente muere dos días después.

Cuentan los parroquianos que ese 10 de junio mientras esperaban en larga fila la llegada de la vacuna por la vereda de la comisaría, vieron venir a una cuadra la carretela que trasladaba el cajón con los restos de Míguez. Y, ¡fue una estampida! ¡La gente corría despavorida hacia cualquier parte alejándose rapidamente de aquel carruaje, ante la posibilidad “de contagiarse”!

El chileno conductor del “brek” y su postigón siguieron rumbo hacia el cementerio de la Banda Sur mientras la psicosis les iba ganando la partida. Así, una vez llegados al campo santo, arrojaron por la pared el cajón con el cadaver de aquel ilustre, y huyeron como si hubieran visto al propio demonio.

Míguez Iñarra merece recuerdo, merece un digno epitafio. Afortunadamente hoy en San Francisco, el Dr. Mendoza y un puñado de memoriosos están en eso.

El Funeral 1933

El cortejo, cuya imagen está tomada desde un plano de altura por José La Via, se desplaza en 1933,  por Av. Quintana, acompañado por una multitud.

La carroza de madera lustrada, con cuatro grandes ruedas, cuyo  techo era una cúpula que remataba en una cruz, traslada a un personaje ilustre. Y decimos ilustre no solo por sus méritos (que fueron muchos), sino además porque el carruaje está tirado por cuatro caballos. En el simbolismo de la época, una carroza tirada por más de dos caballos, conducía hacia su morada final a alguien demasiado significante para el afecto colectivo.

Los  faroles laterales sujetos a las columnas torneadas, aunque es de día, van encendidos. El cochero, de levitón negro con gran cuello y plastrón, carga con la congoja de todos. Y es que el tren, que venía desde Buenos Aires, ya se iba humeando con rumbo a Mendoza y nos dejaba aquel día a los puntanos, junto a la tristeza,   los restos mortales de un Senador Nacional, quien fuera entre 1909 y 1913, el gobernador progresista y querible, amigo y protector de todos: Adolfo “El Pampa” Rodríguez Saa.

La Mirada de un Poeta 1934

En 1934, el gran poeta mendocino Alfredo Bufano recorría la provincia de San Luis. Y, la  pluma plasma la mirada del hermano cuyano acerca de la ciudad de San Luis en una descripción que, traerla a nuestro presente, se hace vívida, necesaria:

 “La ciudad de San Luis es pequeña, amable, acogedora. Por sobre las techumbres asoman las cresterías de las montañas. Suburbios de casas antañonas, con sus huertos olorosos de viejos naranjos y limoneros. Casas de Anchos zaguanes, con patios de baldosas decoradas por los tiestos de geranios, malvones y diamelas. Ciudad de San Luis, de grandes plazas arboladas, recogidas, en las que los copudos terebintos se deshacen en sombra y bayas de púrpura. Plazas para la tertulia familiar en las noches de verano y en las doradas tardes de otoño; plazas en las que nuestros próceres, inmóviles en su gloria de bronce y granito, parecen que fueron más nuestros. No son pocos los edificios que llaman la atención por su belleza. Entre ellos el del Colegio Nacional y el de la Escuela Normal de Maestros, dignos de cualquier ciudad exigente. No falta tampoco la arquitectura de antaño, llena de evocaciones y sugerencias, como la del templo y convento de Santo Domingo, verdadera reliquia puntana.

Ciudad grata, en la que aún se dan los buenos días a los desconocidos. Ciudad enclavada a los pies de los cerros y que participa de la doble gracia de la belleza agreste y del azul profundo del cielo montañés.

Ciudad llena de carácter y absolutamente argentina”.

El Arquetipo 1937

Un 1 de mayo de 1855 nacía Felipe Velásquez en la Mesilla. Apasionado y transgresor, escribió y habló como pensaba.  En 1877 será Vice Rector y luego  Rector del Colegio Nacional Lafinur,  siendo  precursor del ingreso de mujeres a ese  Colegio, suceso del que no había antecedentes en el país.

Fue Ingeniero Geógrafo, Diputado Provincial por el Departamento Ayacucho, Agrimensor del Gobierno, Jefe de la Oficina Topográfica y de Obras Públicas, Descubridor del Mármol Ónix. En 1901 será Vice Presidente del Consejo Nacional de Educación. Presidió la Comisión del Centenario y la Liga Patriótica. Fundó el Ateneo Cultural de San Luis. Creó la Biblioteca popular “Juan Crisóstomo Lafinur”. Su prolífica obra escrita es vasta y notable, lo que lo convierte en uno de los arquetipos de la puntanidad.

En una conferencia, invitado por el Ateneo de la Juventud, en 1933, como apasionado adherente al flamante revisionismo histórico,  enfrentaba a la Historia Oficial, y decía:

En 1863, el general Ángel Vicente Peñaloza,  retirado tranquilamente  encontrábase con su familia en Olta,  y sorprendido en su domicilio por una fuerza nacional a las órdenes del Coronel Irrazábal, fue decapitado y mutilado su cuerpo en la forma más despiadada y salvaje. El referido Jefe obraba al inmediato mando del Interventor de la Guerra en el interior, General Don Domingo Faustino Sarmiento, siendo Presidente de la República el General Bartolomé Mitre. Importancia alguna se señaló a este hecho inaudito; pasando al olvido, sin reflejar recriminaciones por responsabilidades. Pero decimos nosotros, el hecho inaudito no cayó en el vacío”.

Felipe Santiago Velásquez falleció en la Ciudad de San Luis, el 28 de septiembre de 1937.

El Presidente 1939

Por Decreto del 18 de julio de 1939,  el Poder Ejecutivo Nacional disponía la incorporación de la Escuela Normal “Juan Pascual Pringles”  a  la Universidad Nacional de Cuyo. Por dicha disposición se nombraban las nuevas autoridades de la institución: Director: Prof. Pedro Bianchi; Vice Director: Prof. Jesús T. Lucero y Regente: Prof. Víctor Saa.

Se había creado para esta nueva etapa de la Escuela un nuevo plan de estudios que prometía ser superador del anterior por sus características más humanistas y progresistas. Sus autores, un equipo de pedagogos mendocinos, evidentemente no rendían genuflexión al gobierno nacional que, a esta altura ya estaba en franca decadencia luego de la “Década Infame”.

Había, no obstante, que monitorear, supervisar y garantizar que este nuevo plan se aplicara y fuera exitoso, ya que no todo el personal docente (incluyendo autoridades) de la Escuela Normal, comulgarían con los nuevos lineamientos.

Así, para desempeñar este nuevo cargo de “Director Técnico de la Escuela Normal Juan Pascual Pringles” fue elegido el hombre indicado.

El 30 de mayo de 1941 asumía el desafío el Dr. Juan José Arévalo, doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación quien había llegado a la Argentina proveniente de su Guatemala natal para perfeccionarse en las Universidades de Tucumán y La Plata. De esta manera, Arévalo adaptó la aplicación de aquel plan basado en la idiosincracia de los jóvenes puntanos y sus educadores que tan bien conocía dado su afecto por San Luis, su Historia y su gente. Lugar éste donde había decidido afincarse.

Pero, no tardaron en llegar las suspicacias  por parte de algunos profesores y autoridades. Aquellos comentarios “conservadores” contra el “socialista” Arévalo no tardaron en convertirse en un irremediable enfrentamiento entre el Profesor Bianchi y aquel humanista pregonero de la libertad de cátedra.

Desauciado y decepcionado, Arévalo renunció a su cargo un corto tiempo después para regresar a su país natal, donde nuevos vientos de cambios  anunciaban el fin de la dictadura del General Ubico.

En su Guatemala natal sí fue un hombre reconocido. Así, una vez en su patria se incorpora al “Frente Popular Libertador” participando activamente en la Revolución de 1944 que derroca al dictador Ubico y convoca a elecciones. Así, se convierte en el candidato de los jóvenes estudiantes de todo el país, ¡precisamente por aquellas ideas que pregonara tambien en nuestra Escuela Normal!

Fue electo presidente de Guatemala de 1945 a 1951, siendo el primer presidente popularmente electo en ese país centroamericano. En aquel acto eleccionario de 1944,  considerado por los historiadores como las primeras elecciones transparentes en Guatemala, Arévalo obtuvo más del 85% de los votos emitidos.

El Decreto “Fundacional” 1944

Estimado lector, le recomiendo leer con mucha atención el contenido del presente documento público. Luego, considere por Ud mismo si coincide con mi análisis.

Si bien los datos esgrimidos por la comisión tienen visos de exactitud,  en el campo de las ciencias sociales, muchas veces hay que utilizar el relativismo;  precisamente por ello, no se puede utilizar argumentación no probatoria, específicamente en el caso del acta ausente,  para dictar un decreto que determine definitivamente, (cerrando cualquier inquietud investigativa), la fecha y el lugar de la supuesta fundación.

Otro tema en la Historia de San Luis, que aún no ha sido develado como corresponde. Una asignatura aun  pendiente para los historiadores e investigadores  puntanos, del presente y del futuro.

 

Intervención Federal
Decreto NQ 1959 -G.
Exp. NQ 4160 -C -1944
San Luis, junio 13 de 1944

Visto el informe presentado por los señores Subsecretarios de Gobierno de la Provincia, don Guillermo F. Valerga Aráoz, y profesores doctores Nicolás Jofré, Juan C. Saá y Gilberto Sosa Loyola, referente a la fecha de la fundación de la ciudad de San Luis y a quien fue su ilustre fundador, en cumplimiento de lo dispuesto en el decreto NQ 107 de fecha 29 de diciembre de 1943, y Considerando:
Que en el referido informe, cuya importancia debe destacarse no solamente por el estudio y dedicación que han puesto de manifiesto sus autores, quienes han debido consultar una abundante bibliografía y buscar la documentación pertinente, sino también porque con el mismo se pone término a la duda que existía respecto al hecho histórico y al nombre del fundador de la ciudad, se expresa que se ha llegado en forma terminante y sin lugar a dudas a las siguientes conclusiones:
1) Que se ha perdido el acta de la fundación de San Luis, ignorándose, por consecuencia, el día exacto en que tuvo lugar el acontecimiento histórico;
2) Que la fundación de la ciudad de San Luis se efectuó en el año 1594 y antes del mes de octubre;
3) Que es muy probable que la fecha de fundación de la ciudad de San Luis haya sido el 25 de agosto, día del Santo Patrono;
4) Que el ilustre fundador de la ciudad de San Luis fue el General don Luis Jofré y no don Martín García Oñez de Loyola, como equivocadamente se ha venido repitiendo; Que, en consecuencia, corresponde que el Gobierno, de acuerdo a lo dispuesto en el decreto NQ 107, de fecha 29 de diciembre de 1943, establezca en forma oficial la fecha de la fundación de la ciudad de San Luis y quien la efectuó, para conmemorar anualmente tan importante acontecimiento y honrar a su fundador. Que, es necesario también que dicho informe, con la documentacion petinente, se conozca publicamente para que se sepan las razones por las cuales se ha llegado a las conclusiones mencionadas.
Por ello,
EL INTERVENTOR DE LA PROVINCIA EN ACUERDO DE MINISTROS DECRETA:
Art. 1.- Apruébase en todas sus partes el informe presentado. por los señores Subsecretario de Gobierno, don Guillermo F. Valerga Aráoz, y profesores doctores Nicolás Jofré, Juan C. Saá y Gilberto Sosa Loyola, con fecha 7 del corriente, y que se halla agregado al expediente NQ 4160 -C -1944, referente a la fecha en que fue fundada la ciudad de San Luis y quien fue su fundador.
Art. 2.- Establécese oficialmente que la ciudad de San Luis fue fundada en el año 1594, muy probablemente el día 25 de agosto, y que el ilustre fundador fue el General don Luis Jofré.
Art. 3.- Institúyese el día 25 de agosto para que anualmente se celebre el aniversario del referido acontecimiento histórico y se honre al fundador de la ciudad. Art. 4.- Danse las gracias a los miembros integrantes de la Comisión por los importantes y desinteresados servicios prestados a la Provincia.
Art. 5.- Imprímanse trescientos ejemplares del referido informe, conteniendo la documentación pertinente, en papel de primera calidad, como así también dos mil ejemplares, en edición popular, encargándose al nombrado señor Guillermo F. Valerga Aráoz para que dirija la impresión.
Art. 6.- Por el Ministerio de Gobierno se adoptarán oportunamente las medidas del caso para la distribución de los ejemplares a que se refiere el artículo anterior, a las bibliotecas instituciones oficiales, escuelas y demás establecimientos de educación y particulares.
Art. 7.- El Consejo de Educación de la Provincia tomará las medidas necesarias para que se enseñe a los alumnos de las escuelas lo relacionado con la fundación de la ciudad de San Luis, de acuerdo a las conclusiones del informe referido.
Art. 8.- El gasto que demande el cumplimiento de lo dispuesto en el artículo 5, se imputará al presente Acuerdo.
Art. 9.- Comuníquese, publíquese, dése al Registro Oficial Y archívese.

HORACIO CARRANZA

Guillermo F. de Nevares (h)
Roberto Corbella Figini